Desde una perspectiva evolutiva, nuestros ancestros necesitaban recordar con exactitud dónde acechaba un depredador antes que recordar un bello atardecer. Este «sesgo de negatividad» fue indispensable para sobrevivir en la sabana, pero en el siglo XXI se convierte en una fábrica incesante de angustia imaginaria.
La psicología positiva contemporánea ha documentado que anotar tres agradecimientos específicos cada noche antes de dormir reconfigura gradualmente las redes fronto-límbicas, incrementando la satisfacción vital y mejorando la calidad del descanso.